Semana Santa: Dios se entrega por amor y nos regala la Salvación
Queridos hermanos en Cristo:
Es una alegría poder llegar a ustedes por medio de estas palabras. Por decisión de nuestro Obispo a partir de febrero de este año fui designado para trabajar pastoralmente en la Parroquia de San Miguel. Agradezco la cálida y amigable acogida brindada por todas las personas que he tenido oportunidad de conocer. Deseo brindar y poner a disposición de ustedes mi servicio humilde para que juntos caminemos y crezcamos en el amor de Dios.
Durante este tiempo de cuaresma, ha resonado en nuestro interior un fuerte llamado a la conversión, un llamado a volver a Dios de todo corazón, a no contentarnos con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor.
No tenemos que conformarnos solamente con conocer a Dios por lo que podemos haber aprendido en la catequesis, leyendo un libro, por el testimonio de un amigo o por algún curso bíblico que hayamos podido realizar. Para tener una experiencia profunda de Dios tenemos que buscar encontrarnos con Él, y es en éste encuentro donde nuestra vida se transformará verdaderamente y nuestra fe crecerá y madurará. Cuando le abrimos la puerta de nuestro corazón a Dios y lo dejamos entrar, nuestra existencia toma un sentido trascendente y nuestra vida se orienta hacia la gran promesa de Vida Eterna regalada por Jesús… “Nosotros anunciamos, como dice la Escritura, lo que nadie vio ni oyó, y ni siquiera pudo pensar, aquello que Dios preparó para los que lo aman” (1 Cor. 2,9). Si corremos todos los días desde la mañana a la noche y nuestra mente está llena de preocupaciones materiales y de proyectos de este mundo, se nos va a hacer muy difícil encontrarnos con nuestro amigo Jesús y así llegarlo a conocer verdaderamente.
Busquemos momentos de silencio en nuestra vida, escuchemos a Dios que nos habla a través de su Palabra, que se convierte en la Eucaristía en alimento para la Vida Eterna, que siempre nos está esperando en el sacramento de la reconciliación para abrazarnos, para levantarnos y decirnos que nos ama. Es justamente su amor el que nos transforma, cura nuestras heridas, comprende y perdona nuestra fragilidad y pecado, es su amor el único que puede cambiar nuestro corazón de piedra, endurecido por nuestro egoísmo, superficialidad y mundanidad, en un corazón de carne, en un corazón nuevo, que me permita descubrir en el hermano el rostro de Cristo.
Estamos por comenzar a vivir la semana más importante del tiempo de cuaresma, la semana santa que da inicio con la celebración del Domingo de Ramos. Busquemos participar activamente en todas las celebraciones litúrgicas, acompañemos a Jesús en su camino a Jerusalén, sepamos que en cada sufrimiento que padeció, en la incomprensión de la gente y en la traición que experimentó, todo lo soportó por amor a nosotros y por nuestra salvación.
Nuestro párroco padre Esteban, junto con el padre Bruno, diáconos y acólitos, queremos desearles que tengan una hermosa Pascua, que dejando el hombre viejo puedan resucitar con Cristo y ser hombres nuevos, que la alegría de la salvación que nos trae Jesús pueda ser vivida en familia y testimoniada a todas las personas que nos rodean.
Que Cristo resucitado ilumine nuestras vidas y nos colme de bendiciones. ¡FELIZ PASCUA!
Gustavo Azpilcueta
Diácono
Fuente imagen: https://www.aciprensa.com/imagespp/size680/Pascua_AutorMarioCorre_AciPrensa.jpg
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